LA FORMACIÓN DE LOS PADRES

La formación de los hijos es responsabilidad única y exclusiva de la familia. Por eso es necesario concientizar a los papás en la necesidad de ser los primeros que deben procurar su propia formación, pero para que ellos aprendan y entiendan esta necesidad de cómo formar a sus hijos, deberán estar conscientes que la mejor formación se da a través del ejemplo y del amor exigente.


El ejemplo es la conducta que sirve de modelo para que los hijos asimilen la enseñanza. Es necesario comprender la importancia de ser congruentes.  Es la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, su gran influencia en la transmisión de normas y valores, la convierten en una de las claves de la formación de los hijos. De la misma forma aprenderán de sus padres: la obediencia, el respeto, la libertad y la responsabilidad. Los hijos aprenden por imitación, por eso la insistencia de que papá y mamá practiquen a diario, den ejemplo de los valores que pretenden enseñar a sus hijos.


Tenemos que formar (educar) a nuestros hijos, desde pequeños, para que de mayores lleguen a ser lo más libres y con plena capacidad de autodominio, lo más capaces de amar, de darse por amor (capacidad de autodonación) y, así, lo más felices posible. Ninguna educación es más importante que ésta”.


Pero para lograr la tan anhelada y necesaria formación de los hijos, se necesita el compromiso personal y de pareja, y esto es: cambiar de dirección en el camino de la vida: pero no con un pequeño ajuste, sino con un verdadero cambio de sentido. Necesitamos ir contracorriente, donde la «corriente» es el estilo de vida superficial, del relativismo o de lo incoherente e ilusorio que a menudo nos arrastra, nos domina y nos hace esclavos, de la comodidad, falta de tiempo o de la mediocridad moral.


Hoy, con la avalancha de información que reciben nuestros hijos a través de distintos medios, sobre todo los tecnológicos (lap top, tablet o Smartphone, etc.), los padres estamos frente a una desventaja abrumadora si es que no estamos preparados para llegar, aunque sea, un poquito antes.

 

Por eso es que en la actualidad no podemos ir por la vida educativa familiar sólo con herramientas de sentido común ya que, como podemos ver a nuestro alrededor, lo que era común ya no es tan común y a veces tampoco tiene tanto sentido.


Desafortunadamente nuestra sociedad actual está formada por la mayoría de familias disfuncionales, y los únicos que asumen las consecuencias de los errores de los adultos, son nuestros hijos. Pero el Papa Francisco nos ofrece esta reflexión: “Si la educación familiar recobra su protagonismo, muchas cosas cambiarán para bien”


La Sagrada Biblia nos dice: “Instruyan a sus hijos” (Deuter. 11, 19), “Si tienes hijos, edúcalos”  (Eclesiástico 7, 23) “Anima igualmente a los jóvenes a ser juiciosos, y dales tú mismo un buen ejemplo en todas las cosas. Al enseñarles, hazlo con toda pureza y seriedad, hablando de una manera sana y que nadie pueda condenar” (Tito 2, 6 – 8)


Porque mimar o consentir, tratar con demasiada condescencia o exceso de libertad (por falta de tiempo o de atención)  no es formar, es malacostumbrar: “El que mima a su hijo, después tendrá que vendarle las heridas, y al oírlo gritar se le partirá el corazón. Caballo sin amansar se vuelve terco, e hijo dejado a sus anchas se desboca” (Eclesiástico 30, 7 – 8)

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